Diario 

Diario 

En este espacio compartiré contigo todo aquello que descubra. Hablaré de  creatividad, de emprendimiento y de maternidad. Y de vídeo y maneras de conservar los recuerdos familiares. Compartiré contigo trucos sobre cómo hacer vídeos con el móvil, y también con cámaras DSLR, te hablaré de temas audiovisuales y compartiré mis sesiones de vídeo familiar. 


Siempre digo que si haces vídeos con el móvil, lo mejor es editar esos vídeos en tu teléfono móvil, y al exportar el vídeo ya lo tendrás en el carrete de fotos del teléfono. Pero si eres como yo, y también editas piezas grandes (para tí o para otros) grabadas con cámaras profesionales, cuando acabas la edición, exportas el vídeo a tu ordenador y compartirlo en redes sociales, se complica un par de pasos más. Probablemente habrás notado como enviando vídeos a través de WhatsApp, estos vídeos pierden calidad. Lo mismo ocurre cuando quieres mandarlo por e-mail. Estas aplicaciones comprimen el archivo para que pese menos en el momento del envío y al volver a abrirlo  pierde calidad por el camino. 


Entonces, ¿cómo subirlo a Instagram, por ejemplo, sin perder calidad? Este proceso sencillo que te voy a contar, te va a gustar. 


Cómo evitar la perdida de calidad


El truco, al menos es el que uso con más frecuencia y me ha ido muy bien, es pasar el archivo desde tu ordenador al móvil, mediante la app de Dropbox o Google Drive (ambas valen). No necesitas pagar para tener espacio de más (si eres cuidadoso y vas vaciando y haciendo copias en discos duros externos).


El uso que le vamos a dar es más bien estilo “pasarela”. Lo subes desde el ordenador, lo descargas en tu teléfono y ¡violá!





No tiene mucho misterio. Con este simple proceso te aseguras de no estar comprimiendo el archivo, y poder subirlo con la calidad exacta a la que lo hayas exportado.  Espero que te sea útil y compartas tus creaciones con toda la calidad que merecen. Un abrazo, Nessi.

  • Nessi Benarroch




Todas las noches, antes de dormirlas, Elia aún es pequeña, pero aún así, me gusta abrazarlas fuerte y decirles cuánto las quiero. Luego sigo y les digo que se quieran ellas mucho. Pero mucho, mucho. Sabiendo ser honestos y si algo han hecho mal ese día, que se paren y se digan: "esto no está bien, mañana probaré a hacerlo de esta otra manera". Pero que aprendan a quererse, y no depender de nadie para que eso ocurra.




Le hablamos mucho a los niños de que deben respetar a su familia, a sus amigos, y a todo aquel con el que se cruce, fundamental y muy importante, pero igual no hacemos suficiente incapié en lo mucho que deben respetarse a si mismos. Que ellos son lo más importante dentro de su entorno.

Si ellas no están bien, poco podrán hacer por otros.

Olivia, ya con cuatro años y medio, a veces vuelve a casa triste diciéndome que algún niño/a le ha dicho que es un bebé por llorar mucho, o que le han apuntado con el dedo y tachado de "patosa", ya sabéis, esas cosas "de niños" a las cuales no damos importancia, pero creo que es importante parar y sentarte con ellos desde muy pequeños, escucharles y compartir juntos estas no muy placenteras nuevas experiencias, hablándoles de la manera que necesiten según la edad.


De pequeña, sufrí mucho en el colegio (y en casa) y de mi niñez me he traído muchas creencias limitadoras. Algunas me han costado años poder quitármelas de encima, otras sigo interesada en entenderlas y mandarlas a que se pierdan en un paseo bien largo. Y aunque mi madre haya estado ahí para mi en muchas ocasiones, lo hizo lo mejor que supo y pudo. Mi casa no fué nunca un remanso de paz. Sin entrar en mucho detalle, te puedo contar que mi educación emocional se veía constantemente afectada por presión, una presión creada por mi padre, que hacía difícil el diálogo y el apoyo a niveles más profundos. Nunca me atreví a pedir ayuda de ningún tipo. En mi casa, el amor se basaba en maltratar psicológicamente, poseer al más débil, y por supuesto el respeto... pasó a niveles que francamente nunca conocí. Os podéis imaginar dónde quedaba el "aprende a quererte mucho y respetarte".


A raíz de todo eso, he necesitado a lo largo de mi vida, que la gente me quisiera, para poder sentir que yo valía la pena. Como si de una dependencia se tratase, (típico en maltratos psicológicos), si no me lo dicen, no existe. Y sé de muchos escritos que abogan por decir que es mejor no decirles nada a los niños, que luego se les puede subir a la cabeza , pero mi experiencia me grita lo contrario.



Mi madre lo intentaba, pero por las circunstancias, lo hacía llena de miedo, y en el fondo, era eso lo que me transmitía. Por supuesto, de todo esto te vas dando cuenta cuanto te alejas del ruido y creces lo suficiente como para entenderlo.


Y hoy lo veo por el lado positivo. Ahora entiendo el valor que tiene comunicarlo.

Hacerles ver que valorarse a uno mismo es importante. Recalcar diariamente, como si se tratase casi de un ritual, los rasgos de su personalidad que les resulten más bonitos o más les gusten de una misma, cada día.


No se trata de alimentar al ego, sino de aprender a creer en una misma, partiendo del amor propio, saber que podemos ser independientes, emocionalmente, no sólo económicamente. Algo muy importante en este mundo tan dependiente. Enseñándole a su vez, que no necesita gustarle a todo el mundo. Que eso es imposible.


Por eso, cada noche, les diré que las quiero y les diré que se quieran mucho. Y a veces, me preguntarán por qué, y entonces aprovecharé para decirles la lista de cosas por las que desde el punto de vista de mis ojos, deben hacerlo, sin dudarlo un segundo.


Aprovecho para compartir con vosotras un libro, que imagino que si tenéis niñas, habréis leído ya, si no, merece la pena comprarlo y tenerlo a mano, para leerlo y releerlo, porque es oro. "Cómo educar en el feminismo" de Chimamanda Ngozi Adichie. Un tesoro a tener en la mesilla de noche, y a enseñarles a las niñas de la casa, tan pronto puedan leer.


Gracias por estar aquí, leyendo estas palabras.


Besos y abrazos.


Nessi.




  • Nessi Benarroch





Ser emprendedora, hoy en día, no es nada fácil, pero ser madre y emprender, parece un puzzle a veces casi imposible de encajar. Es uno de los mayores retos con los que te puedes encontrar siendo madre, como si ya no tuviesemos bastante.


Al emprender en esta etapa de la vida, nacen necesidades de auto conocimiento diferentes, situaciones estresantes que hay que saber lidiar, para que tu familia no tenga que cargar también con ellas. Hay que estar en contínua formación, tanto de uno mismo como de temas relacionados con tu negocio, proyecto... y mientras intentas llevar a cabo todo eso, como madre, debes seguir al frente de la "batalla" cada día.


Por alguna razón el tema emprendimiento me tiene robado el corazón y necesitaba contaros mi historia.


Supongo que todo se remonta a lo que has vivido en casa, desde pequeña. Me he criado en un ambiente emprendedor, de los pies a la cabeza. Acompañado todo ello de artistas, por parte de madre, abuelas, tías, tios, etc... la cosa prometía movimiento autónomo. Y así fué.


Desde que acabé la carrera, tras unos años de "prácticas" me lancé al vacío y me decidí a montar mi propio estudio de diseño gráfico. Hubo momentos muy difíciles, otros muy buenos, y junto a todos ellos, todos los tonos de grises que te puedas imaginar. Estuve con el estudio 6 años. Pero era libre de trabajar tantas horas como quisiera. Horas a veces que resultaban demasiadas y se salían de lo sano, pero me daba la vida. Cuando nació Olivia, mi primera hija, decidí darme un descanso (lo que luego se convirtió en un lavado de cara) . Tenía muy claro (y la inmensa suerte) de que quería (y podía) estar con ella, durante los primeros años, y así lo hice.


Pasados esos años, mi culo inquieto ganó de nuevo y sentí la inmensa necesidad artística de arrancar de nuevo. Y lo hice, esta vez junto con mi marido, Sergio (más abajo os hablo de lo que no nos fué tan bien). Pero luego decidimos tener otro hijo, y nació Elia. Y el ritmo tuvo que bajar de nuevo.


COMO SACAR TIEMPO CUANDO NO LO HAY


Con ella no dejé el emprendimiento de lado, si no que me intentaba organizar de manera a poder aprovechar todos esos ratos libres que le ganaría al tiempo, para montar lo que hoy, con tanta ilusión, llevo entre manos, las sesiones de vídeo familiar.



Creedme si os digo que el "no tengo tiempo" no existe. Todo son prioridades, saber organizarse y pedir ayuda antes de verte ahogada. Mucho antes.

SEIS COSAS QUE TE RECOMIENDO EN ESTE ETAPA

  1. Aprovecha todas y cada una de las siestas y ratos libres que puedas tener. La tentación de dormir con tu bebé será gigantesca, pero debes pasar esos primeros minutos de resistencia y luego, recordar por qué quieres hacerlo, cada vez.

  2. Crear una lista bien definida de todos los pasos que necesites, para empezar, lanzar y llevar a cabo tu negocio y hacer sólo en esos ratos lo único que importe en cada etapa. Eso que de verdad mueva los hilos y genere algún tipo de avance, por pequeño que sea. Cambiar esa foto de la web o el color de fondo, o distraerte con las prioridades de otros, mientras contestas sus e-mails, no son cosas urgentes.

  3. Pedir ayuda. Toda la que puedas pero antes de que lo necesites. Esto último es tan importante. Si la pides ya cuando te sientes ahogada, lo más probable es que no encuentres a nadie que pueda echarte una mano, por la urgencia de la petición y te sentirás tan cansada por el agobio que poco efectivas serán esas horas que le puedas robar a la maternidad. Yo tengo la inmensa suerte de tener ayuda de mis suegros en ocasiones. Otras, hago relevo con Sergio y cuando ninguna de las opciones anteriores está disponible, me veo obligada de tirar de alguna otra mamá o ya opción de pago, niñera. Esa última opción, al costar dinero, el tiempo ya ni te cuento cómo lo aprovechas. También existen cada vez más espacios de Coworking dedicados a padres y madres que necesiten trabajar y quieran otra opción que llevar a sus niños a la guardería. En mi ciudad, Málaga, hay uno que es genial, llamado Mandarina Garden. Espacio de trabajo y educación al mismo tiempo, para tus hijos. Hay centros en Alicante, Albacete, Barakaldo, Girona, Huelva, Málaga, entre otras ciudades. Pero como estos seguro que hay similares, que puedas encontrar.

  4. Sacar horas por la noche, calculando las horas que necesites de sueño. Es decir, si tus niños se van a la cama pongamos que a las 9:30 y están ya dormiditos a las 10:00 - 10:30, trabajando hasta las doce, doce y media le conseguirás sacar otro rato, que te puede saber a gloria. Mi problema con eso es que soy muy nocturna. Y mi cerebro se activa y empieza el momento creativo que no quiero parar y me acabo acostando a las 2, cosa que al día siguiente pago caro.

  5. Si eres más de mañana, levantarte pronto puede ser tu opción favorita. Hora y media o dos horas por la mañana, cuando la casa está completamente en silencio, puede ser toda una ayuda. Además de poder tomarte el té o el café calentito. Menudo lujo... :) Lo bueno de las noches o las mañana es que no te podrás distraer con llamadas y las redes sociales andan igualmente bastante dormidas a esa hora, lo que es un plus.

  6. Aprovecha tu ciclo menstrual. Sí, has leído bien. No somos como ellos, que si duermen bien ya tienen las pilas cargadas de nuevo. Nosotras nos movemos por ciclos de 28 días (ningún misterio) pero es interesante saber que tus semanas más efectivas serán siempre la segunda y tercera del ciclo. Esas las debes aprovechar al máximo y descansar y hacer tareas más mecánicas en las que necesites menos concentración la semana del periodo y aquella previa a el. Tengo pendiente un post en el que te hablaré más de este tema, porque es alucinante como hay un cambio en tu productividad cuando le prestas atención a tu ciclo.



No es fácil, porque a veces estás en ese momento creativo y no puedes encontrar ratos para trabajar. Surge la frustración, querer cambiar tus prioridades, etc. Pero si ves el progreso con gafas de futuro, podrás entender que cada paso cuenta y que poco a poco llegarás a donde quieras llegar. Este último año y medio, ha sido uno de los más efectivos de mi vida. En general, he podido sacar en total unas ocho/diez a veces doce horas a la semana. En total es como un día de intenso trabajo. Eso ha sido todo. Porque mi prioridad son aún las niñas. Y esas horas, yo que me distraigo con una mosca, como tienes tan poco tiempo, las aprecias como nunca antes. Han sido y siguen siendo, oro en paño.


"Con eso no puedes hacer nada", puede que te digan. -"Bueno, hacer eso, es más que no hacer nada". Avanzar cada día un poquito, por poquito que sea, es mucho más de lo que conseguirías si no hicieras nada.


LOS PROS Y LOS CONTRAS


Todo hay que decirlo, te debe gustar este tipo de vida. Es como aquel que viaja en furgo. Comodidades hay pocas, pero merece mucho la pena, por otras cosas que ganas por el camino.


Hace que no me relajo en el sofá, vete tú a saber cuántos años. O me tomo una tarde para mi de hacer algo que no sea trabajo, ni me acuerdo. No hago deporte desde más tiempo del que quiero admitir. Ni mis niñas ni yo vamos nunca peinadas, el moño a lo abuela es mi look más preciado y la casa parece que ha sido asaltada, por un ladrón que no tenía las cosas claras, del desorden que suele haber en ella, casi cada día (bueno, quitar el casi). Y si voy de vacaciones, voy con el ordenador a cuestas y escribo, edito, planeo, etc. Se que son etapas. Y que la paz volverá y el cepillo reaparecerá, en algún momento, o no.


Hay momentos en los que te planteas si lo estás llevando bien. El equilibrio es muy complicado y hay momentos en los que estoy con mis niñas, pero la cabeza la tengo ahí donde no quiero que esté; en ese post que debería estar escribiendo, en esa sesión de vídeo que me quedé a medias por editar, pensando en qué foto subir a instagram... La cabeza da más vueltas de la que una querría y es importante al menos ser conscientes de ello e intentar buscar ratos también a la inversa. La desconexión absoluta nunca va a existir, forma parte de estar metida en esta salsa, pero al menos encontrar ratos de calidad para estar con ellas más presente, todos los días. Nota: aún estoy aprendiendo a hacerlo...


La cosa es que, como buen autónomo, debes estar haciéndote cargo de absolutamente todo, sobretodo al principio. Y lo de ponerse malo, bueno... eso ya se sabe. Pero como siendo madre tampoco puedes ponerte mala, pues ya puedes tacharlo de la lista de contras.


Debes aprender a escribir buenos textos, a hacer fotos bonitas, saber de marketing online, de marketing offline, de ventas, saber de números (soy de letras...), si sabes de diseño, un plus que te llevas, si sabes de programación, otro plus... y un largo largo etc. Lo que se traduce en estar formándote todo el santo día de la vida. Bendito Google, que todo lo facilita. Y además de inmensas opciones gratuitas que encontrarás en la red. Voy a aprovechar el momento y recomendarte además otras opciones de formación, mis preferidas, para no dejar de crecer, como son HelloCreatividad, Creativelive, Skillshare, Udemy, MasterClass, Podcast sobre emprendimiento, los adoro y aprendo un montón, y un largo ect.


A cambio de todo ese esfuerzo, tendrás más tiempo con tus hijos. De la manera como te la he contado más arriba sí, pero con ellos. Poder llevarlos al cole con calma, recogerlos todos los días, disponer de un calendario vacacional mucho más flexible y en definitiva, libertad para organizarte como necesites en cada etapa, de la mejor manera. Y una satisfacción personal que no se puede explicar con palabras. Esa es la adrenalina de este deporte.


Todo esto forma parte sin dudarlo, de un sube y baja emocional de una intensidad inquietante. Pero esas emociones que genera la incertidumbre, para aquellos que somos emprendedoras, me atrevo a hablar por todas las que emprendemos y decir que es en parte adictiva. A base de una mezcla entre café y tila, que vete tu a saber cómo te deja el cuerpo, intentas equilibrar lo inequilibrable.


CUANDO EL EMPRENDIMIENTO NO SALE COMO UNO ESPERA


Pero no todo ese esfuerzo es sinónimo de que las cosas funcionarán y traerán dinero. No. Ojalá sólo dependiese del esfuerzo.


Durante estos años, también hemos intentando montar dos proyectos paralelos, junto con mi marido, Sergio. (En verdad ha habido alguno más, pero ya me da vergüenza) Uno fué una escuela de programación que intentamos traer de EEUU, junto con un socio inversor. Podéis ver el post esperanzador que escribí, cuando la cosa prometía, aquí. Pero nos equivocamos. Lo que funciona en una parte del mundo no tiene por qué funcionar de la misma manera en la otra. No os quiero aburrir con los detalles, pero lo bueno es que aprendimos mucho y conocimos a gente maravillosa, un cliché sí, pero así fue.


Otra fue"Marco Frasea", que mis amigos conoceréis, por nuestra boda. Una tienda on-line en la que vendíamos láminas personalizadas, diseñadas por nosotros. Y las vendíamos con marco incluído. El proceso resultó ser demasiado intenso para llevar a cabo dos personas, ya que también tenía por aquel entonces el estudio de diseño y Sergio, su empresa de formación. No podíamos contratar a gente en esa etapa tan temprana y decidimos dejar la idea aparcada.


Vaaaale. La otra idea fué una mochila que diseñamos para las personas que van al trabajo en bicicleta. Era algo como un maletín que se transformaba en mochila. Por aquel entonces no existían muchos modelos, cosa que ya ha cambiado. Producimos los primeros prototipos en España. Ubrique para ser exactos, porque un familiar cercado tiene una fabrica allí. Queríamos que fuera hecho en nuestro país. Con piel local y gente de aquí. Pero el coste se nos disparó. Y en esa etapa no podíamos por temas de logística con el estudio y lo de Sergio movernos por España buscando otras fabricas. Decidimos aparcar el proyecto hasta nuevo aviso.


A pesar de ello, podemos decir que no sólo crecimos en esa etapa como pareja, sino que aprendimos de los errores cometidos, como por ejemplo, no llevar tantos proyectos a la vez, por muy sencillos que parezcan. Luego nada es tan sencillo.Todo aquello que te imagines, le tienes que sumar el doble o el triple de trabajo. Y aún así, te puedes quedar corta.


Ahora sabemos que las cosas mejor llevarlas una a una. Con mucha más calma. Nunca tirar de ahorros para montar algo y arriesgarlo todo (por suerte no lo hicimos), ni pedir prestamos, que luego te aten durante años. Dinero que entra es dinero que se vuelve a invertir en el negocio. Es la única manera de dormir tranquilos. De ahí la importancia de empezar con lo que uno tenga. Por poco que sea. E invertir tiempo y esfuerzo. Todo el que se pueda, en la etapa que uno esté.


Ahora por ejemplo, Elia me está necesitando mucho por las noches, por lo que quedarme hasta tarde, ya no entra tanto en mis planes. Tenemos que estar armando el tetris de otra manera durante el día, junto con Sergio y los abuelos. Porque dormir es importante y en eso, hemos andando flojos estos últimos años.


Y quiero también añadir que emprender es muy solitario. Por eso es muy importante al menos tener a alguien, ya sea tu pareja, tu mejor amiga, tu madre o algún socio o mentor que pueda estar contigo cuando lo necesites, porque habrán como mencioné antes, muchos bajones, que necesitarán de un hombro en el que llorar, pero también si los éxitos los celebras con ellos, te sabrán a pura gloria.


Si sientes esa llamada al emprendimiento, sólo puedo animarte a que lo hagas. Pero de un modo tranquilo en los comienzos. Atando cabos con cada paso que des. Si tienes un trabajo, que lo mantengas hasta tener más desarrollado el proyecto. Llevar unos años rodando. Que con muy poquitas horas a la semana, se puede conseguir en un año tener una sólida base. Que no dejes de lado tu sed por aprender. Pero que apliques el conocimiento tan pronto como entre en tí. Y confíes mucho en tu esfuerzo. No es garantía, pero ayuda.


Voy a dejar reposar el tema, por ahora. Pero volveré a hablar de el, porque claramente, me apasiona.


Espero que te ayude en algo, que es por eso por lo que escribo y siempre, gracias por estar aquí.


Besos y abrazos,


Nessi.

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Avd/ Juan Sebastian Elcano, 12.